Helena Herrero, presidenta y directora general de HP España y Portugal

Con más o menos reticencias, todos tenemos clara una realidad ineludible: el futuro del planeta será sostenible o no habrá futuro posible. Los retos a los que tendremos que dar respuesta en los próximos años son realmente complejos, desde el cambio climático al progresivo envejecimiento de la población o una demanda de agua y energía que superará con creces los recursos disponibles. Ante estos desafíos, las empresas tienen la obligación de ejercer un impacto positivo en el planeta en el que desarrollan su actividad. El compromiso medioambiental se puede convertir, además, en un motor de inspiración que ayude a una compañía a avanzar hacia el futuro con más fuerza, apoyándose en valores como la innovación y la diversidad.

La reducción de las emisiones contaminantes o la reutilización de materiales siguiendo los nuevos enfoques de la economía circular -producir, reparar, reciclar, reutilizar- son indispensables para proteger y salvaguardar el planeta en el que vivimos (y el único al que tenemos acceso hoy por hoy). La digitalización de la producción y de las cadenas de suministro, gracias a tecnologías revolucionarias como la impresión 3D, contribuirán sin duda a reducir los residuos y emisiones que provoca hoy el transporte de mercancías por todo el planeta.

Pero la sostenibilidad es mucho más que una cuestión medioambiental. También supone cuidar a las personas y a las comunidades; crear entornos de trabajo inclusivos y diversos en los que ningún talento quede relegado por razón de género, nacionalidad o cultura. Facilitar el acceso a la educación y al empleo de todas las personas, aprovechando las herramientas tecnológicas, forma parte de este compromiso sostenible de las empresas.

La tecnología, de hecho, es uno de los recursos más valiosos que tiene el ser humano para construir un mundo mejor. Además de impulsar y democratizar la economía digital -para que llegue a todos los rincones del planeta-, la tecnología puede también aprovecharse para fomentar la igualdad y la mejora del nivel de vida. Las compañías tecnológicas tenemos, por ejemplo, un inmenso poder como decisores de compra en las cadenas de suministro globales. Es nuestra responsabilidad exigir medidas de eficiencia energética, transparencia y condiciones de trabajo dignas en todos nuestros proveedores.

Los resultados empresariales ya no solo se miden en cifras de venta o cuotas mercado. Las empresas deben aspirar a ejercer un impacto positivo y duradero sobre las personas, la sociedad y el planeta. La 4ª Revolución Industrial, además de altas dosis de innovación, nos exige este compromiso con la sostenibilidad y la diversidad si queremos alcanzar el futuro.